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Claves para sellar el maquillaje correctamente

Diferencias, usos y técnicas para elegir el producto adecuado según el acabado y la duración deseada.

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Claves para sellar el maquillaje correctamente

Fijar el maquillaje es uno de los pasos más determinantes para que un look se mantenga intacto durante horas. Más allá de la preparación de la piel o la calidad de los cosméticos, el sellado final define si el colorete, el corrector o las sombras conservan su lugar y textura a lo largo del día. En este proceso destacan dos aliados esenciales: los polvos fijadores y el spray fijador, productos diseñados para prolongar la duración del maquillaje, aunque con resultados y aplicaciones distintas.

Cuando el maquillaje no se sella correctamente, es habitual que los productos se desvanezcan, se acumulen en pliegues o pierdan definición con el paso del tiempo. Este problema no solo responde al tipo de piel, sino también a la técnica empleada y al producto elegido para fijar el look. Por ello, entender las diferencias entre ambos fijadores resulta clave para obtener un acabado profesional y duradero.

En el mercado existen principalmente dos opciones para sellar el maquillaje: el spray fijador —una bruma líquida que se aplica sobre el rostro— y los polvos fijadores, generalmente finos y sueltos, que se distribuyen con brocha o borla. Aunque sus fórmulas son claramente distintas, ambos cumplen la función de mantener el maquillaje en su sitio y mejorar su resistencia.

 

El spray fijador, también conocido como setting spray, actúa como un sellador ligero que ayuda a fijar el maquillaje sobre la piel. Las fórmulas actuales permiten elegir entre acabados luminosos, mates o incluso con protección solar. Además, suelen incorporar ingredientes calmantes e hidratantes, como la glicerina, que evitan que el maquillaje se cuartee y aportan confort a la piel durante horas.

Por su parte, los polvos fijadores se presentan en formato suelto o compacto y están pensados para absorber el exceso de grasa, fijar productos líquidos o en crema y suavizar la apariencia de poros e imperfecciones. Su principal ventaja es el control de brillos, lo que los convierte en una opción ideal para zonas concretas del rostro, como la zona T o el contorno de ojos, más que para una aplicación global.

La forma de aplicación marca otra diferencia relevante. El spray fijador se pulveriza directamente sobre el rostro o se trabaja con esponja, presionando después suavemente con las manos para integrar el producto. En cambio, los polvos fijadores se aplican con brocha o borla mediante movimientos de presión o barrido, permitiendo mayor precisión, aunque con el riesgo de excederse en la cantidad si no se controla la técnica.

Ambos productos ofrecen resultados estéticos distintos. El spray fijador suele aportar un acabado más natural y uniforme, además de ser práctico para retoques fuera de casa al no requerir herramientas adicionales. Los polvos fijadores, en cambio, destacan por su capacidad para matificar, reducir el brillo y perfeccionar la textura de la piel, aunque pueden modificar ligeramente el acabado final del maquillaje.

 

En cuanto a la duración, tanto los sprays como los polvos influyen en la resistencia del maquillaje, pero no actúan de forma aislada. Factores como el tipo de piel, la rutina de preparación previa y los productos utilizados en el maquillaje condicionan de manera decisiva el resultado final.

La elección entre spray fijador y polvos fijadores no tiene por qué ser excluyente. Ambos cumplen funciones complementarias y pueden utilizarse en conjunto. El spray es ideal para quienes buscan un efecto fresco y luminoso, mientras que los polvos resultan más adecuados para controlar brillos y perfeccionar zonas específicas. Combinarlos —aplicando primero los polvos donde sea necesario y finalizando con una bruma ligera— permite lograr un maquillaje equilibrado, duradero y adaptado a cada necesidad.